martes, 6 de octubre de 2009

Asesinato, Limam Boicha

Han asesinado a una anciana saharaui y su hija. Un colono pastor aprovechó que las dos mujeres estaban solas en una jaima a las afueras de la ciudad de Dajla y llevó a cabo su sádico plan: violó y degolló a la muchacha y fulminó a pedradas a la madre.

Qué traición más vil, él sabía que las dos no estaban en condiciones de defenderse y se ensañó con ellas, las pilló por sorpresa. He leído la noticia en Poemario y he visto las fotos de las dos. Uno ve el rostro de esa digna abuela y sólo puede imaginar escenas llenas de ternura, amor de abuela saharaui, amor no sólo a sus hijos, familiares, sino a cualquiera que pase por su jaima. A cuántas personas les ofreció cobijo, a cuántos su generosa hospitalidad, cuántos bebieron la leche que les ofreció en su cuenco rebosado de espuma, cuántos escucharon de su boca miles de historias orales en la badia, cuántos rieron con ella, a cuántos alimentó, sanó, mimó.

Hija y madre saharaui asesinada por colono marroquí

Si el rostro es el espejo del alma, el de su hija, el de ella, lo dicen todo. Toda la ternura maternal, todo el amor, el Sahara entera está en los ojos de esta anciana, en su rostro, mutilado por un asesino. Un colono criminal que se sabe impune, porque el régimen marroquí les apoya, les azuza para que ladren, para que muerdan, para que maten a los saharauis y después se vayan tranquilamente, desaparecen en cualquier ciudad marroquí sabiendo que la justicia (¿qué justicia?) no les va a molestar. No sólo colonizan nuestra tierra, sino que esperan que nos rindamos. Están locos.

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