lunes, 11 de febrero de 2008

La historia olvida a Fadel

MIENTRAS SIGA EL ZAPATERO, ESTO NO SE MOVERA

Haiza prepara el té árabe mientras relata la vida de su padre, Mohamed Fadel Amme-l, militar saharaui del Ejército español durante 34 años. El té tiene un sabor entre amargo y dulce, como la historia de su padre que luchó en batallas y obtuvo medallas, aunque la viuda no percibe pensión.
La historia de Mohamed Fadel Ammel (Cabo Jubi, 1918-El Aaiún, 2001) es ejemplo de un olvido: el del Gobierno de España que no concede una pensión a las viudas de los militares de origen saharaui que formaron parte del Ejército. Su hija Haiza y la Delegación Saharaui en Fuerteventura reclaman que la Ley de la Memoria Histórica repare esta omisión que afecta a numerosas mujeres y a los propios militares que reciben una mísera pensión de 200 euros al mes.
De cuidar camellos en el Sáhara, el huérfano Mohamed Fadel Ammel saltó con 16 años a Las Palmas de Gran Canaria. Allí se convirtió en el primer saharaui que se enroló en el Tercio de La Legión en 1936. Detrás de él, otros compatriotas le siguieron, unos 1.700 según la Delegación Saharaui en Fuerteventura. La hoja de servicios de Fadel es extensa, llena de vicisitudes y adornada con varias medallas concedidas por el Gobierno de España en reconocimiento a sus méritos, sobre todo por su participación en la Guerra Civil.
Las medallas y los méritos constituyen la parte de sabor más dulce de la historia del soldado saharaui que se licenció en 1970 como teniente del Ejército de Tierra, concretamente en la Agrupación de Tropas Nómadas del Sáhara. El trago amargo es el que les ha tocado a su familia, concretamente a Fátima, madre de sus seis hijos, de los cuales Haiza es la mayor. Esta mujer no recibe ni un euro en concepto de pensión desde que murió Fadel en 2001. Con más de 80 años, vive con la incertidumbre económica cerniéndose sobre sus días.
Haiza y su marido Sidahmed Atic desgranan la vida del teniente saharaui mientras beben té. Salvar a un teniente español que cayó herido a su lado en la batalla del Ebro le supuso el ascenso a teniente. También resultó herido en la Guerra Civil y estuvo a punto de que le cortarán una pierna.
Además de no recibir una ayuda del Estado español, las viudas y los militares jubilados también cargan con otro problema: el del visado que deben pagar y tramitar para entrar y salir de su país a pesar de los años, la sangre y una vida entera dedicada al Ejército español. Otro de los olvidos del Estado y que también buscan su hueco en la Ley de la Memoria Histórica es el de los 17 presos saharauis - Sidahmed lleva la cuenta- del régimen franquista que pasaron por la cárcel de Tefía.

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