miércoles, 10 de octubre de 2007

Intervención de José Solís Ruiz ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de los Diputados (16 de marzo de 1978)

"...Analicé anoche qué fue la "Marcha verde", porque aunque yo lo sabía, y aquí se ha hablado mucho de ella, quería refrescar mi recuerdo.
Efectivamente, como conocemos, el Rey Hassan la convocó como si fuese una marcha santa, como si fuese una peregrinación a la Meca, incluso poniéndola un nombre muy tradicional entre su religión, y acudieron hombres, mujeres de todos los rincones del país vecino, y también hubo unanimidad, a la que ya hemos hecho referencia, en todos los partidos políticos que, olvidando diferencias, incluso enfrentamientos, se arriesgaron a adentrarse en el territorio, cuya administración teníamos, en el momento que recibiesen las órdenes pertinentes.
Esta situación era fuerte por que nos encontrábamos - como se ha dicho aquí - zaheridos y atacados por todas partes. La población - que incomprensiblemente fue una sorpresa para muchos de nosotros - se volvió contra España, cuando España tanto había hecho por ellos; los países vecinos, con todas las escaramuzas, heridos, prisioneros, y, por si fuera poco, el mundo no nos comprendía o no quería comprendernos.
Se sabe que yo no tengo mucha fe en las Naciones Unidas, mejor dicho, creo poco en ellas. Sí creo y admiro el valor, la competencia, la pasión, el patriotismo que han puesto siempre en aquella organización nuestros representantes y en muchos casos, personalmente y por escrito, les he felicitado porque han defendido los intereses de la Patria con un tesón que es de envidiar y admirar. Pero no creo ni creía en dicha Organización.
Nosotros teníamos esperanzas de que las Naciones Unidas participasen y pusiesen fin a un acontecimiento que yo estaba convencido que, a la larga, nos llevaría a un enfrentamiento, lo que me preocupaba, pensando en las madres de aquellos soldados que estaban en el Sahara y en nuestros propios hijos (...)
Las Naciones Unidas, para mí, fueron lo que siempre habían sido; la misma de Indonesia, el Vietnam, Israel, Somalia, y ahora mismo Etiopía, o la de nuestro Gibraltar. Es decir, hablar, hablar, sin facultades para hacer. Ya sé que se dice que las facultades no son del Organismo, sino de las naciones que lo componen. Yo observaba que la tragedia que estaba amenazando a nuestra Patria se pasaba desde el Comité de los no sé cuantos, al Consejo del no sé qué, a la Permanente, a la Asamblea (...)
(...)Efectivamente hubo aquel Consejo de Ministros de 20 de octubre, Consejo largo, donde se nos explicó la situación total tanto de nuestras fuerzas como de las marroquíes. Se nos explicaron todos los componentes de la marcha. Se nos explico - y no es tanto secreto que no se pueda decir por el juramento que todos los Ministros prestamos - que allí se acordó iniciar las negociaciones interrumpidas para ver si podíamos, de alguna forma, evitar que la "Marcha Verde" se pusiese a andar. Este fue el objetivo fundamental. No faltamos tampoco a ese juramento si decimos que acordamos que el ideal sería que fuese a esa conversación el Presidente del Gobierno o cualquiera de los Ministros allí presentes.
En aquel Consejo de Ministros no se dieron los nombres de los Ministros que podían ir; cualquiera podía hacerlo porque todos se prestaban, como es natural, voluntarios. Se dijo algo más, se dijo que el Embajador de Arabia Saudita se había ofrecido como mediador. Yo como español no soy partidario de esas mediaciones, sobre todo cuando se trata de un país que está cercano, un país al que nos ligan siglos de historia, un país con el que hemos tenido altos y bajos en nuestras relaciones, con el que hemos tenido muchas temporadas de relaciones cordiales, un país donde nuestros intereses son comunes y con el que tenemos una gran responsabilidad porque estamos a uno y otro lado del estrecho que es el paso hacia el Mediterráneo (...) A Marruecos tenía que ir una persona responsable, que conociese el problema, y así se acordó.
(...)A las cinco o seis de la madrugada el teléfono de mi casa sonó. Al ponerme, me dijeron: "Le llaman de la Presidencia"(...) Se me dijo sólo: "Solís, ¿estás dispuesto a salir dentro de un rato para ver si te puede recibir el Rey de Marruecos y a llevar la consigna o explicarle lo que te diré?". Naturalmente dije lo que hubieseis dicho cualquiera de vosotros: "Presidente, soy un ministro, a tus órdenes estoy y al servicio de la Patria"(...) Serían las siete y media u ocho de la mañana, no recuerdo, cuando llegué a la Presidencia; estaba el Presidente y el ministro de la Presidencia acompañándole y me dijo : "A las dos de la madrugada, el Jefe del estado ha tenido una fuerte recaída, un grave ataque al corazón y lo va superando. Por tanto, yo no puedo moverme de España y te quisiera encomendar que llevases una misión al Rey Hassan. Saldrás en un avión dentro de un momento, procura que te reciba y dile lo siguiente: que yo pensaba visitarle para iniciar y entablar unas conversaciones y negociaciones; que yo deseaba que hablásemos de todos los problemas a través de esas negociaciones, que tenemos planteadas, uno por uno, pero que, debido a la enfermedad del Jefe del estado, a su gravedad te mando a ti. Tu objetivo es el siguiente: primero conseguir, si puedes, que la "Marcha Verde" no salga y no se acerque a nuestras fronteras; segundo, si ello no es posible, procurar traer el compromiso de que se retrase un poco, de que se ponga a "ralentí" la organización de la marcha, a fin de que podamos negociar".
(...) Su Majestad me recibió con afecto, quizá porque vio una cara conocida. Efectivamente, a mí, ocho o diez años antes, el Jefe del Estado me había mandado a Marruecos para representar a España, con motivo del décimo aniversario de la muerte de Mohamed V(...)
(...)Le dije que, en nombre de nuestro Gobierno y de nuestro Presidente, le proponía que paralizase la "Marcha Verde" o que la demorase porque suponía, y era cierto, que tendría todavía mucho por organizar: los suministros, los transportes, la sanidad. La contestación fue hecha de forma tajante: "Imposible. Ya no es hora. La "Marcha Verde" tiene que salir con todas sus consecuencias. Pero la "Marcha Verde" es una marcha pacífica, no es con armamento. Se llegará hasta el Aaiún; irán 400.000 ó 500.000 personas; nos acompañarán representaciones de todos los países árabes y prácticamente de todo el mundo". Efectivamente, allí había representaciones o grupos de muchos países europeos e incluso, ya lo hemos dicho, de Norteamérica. El me dijo que era imposible, que la "Marcha Verde" tenía que llegar hasta el final. "No deben temer ustedes - agregó - porque no vamos a ocupar el territorio, vamos pacíficamente a confraternizar con vuestros soldados".
(...) Endureciendo su gesto, me dijo que él estaba molesto con España. Me fue explicando que en el año sesenta y tantos tuvo una conversación con un ministro de Asuntos Exteriores de nuestro país y que al final España no hizo nada de lo que se le había prometido. Entonces, interrumpiéndole (...)dije: "Majestad, eso es historia" (...) Agregó :"Años después, otro ministro de Asuntos Exteriores tuvo conversaciones conmigo y me manifestó tal y tal cosa". Repetí otra vez: "Majestad, eso es historia". Y así hasta cinco veces. Pero la verdad es que no había manera, porque él me reiteró: "Solís, !imposible!. La "Marcha Verde" se pondrá a andar a la hora prevista, y yo al frente. Mi propósito es llegar hasta el último confín del Sahara"
En aquel momento, si yo hubiese sido diplomático, tendría que haberme levantado, haber saludado y marcharme(...) Pero yo pensé inmediatamente en las madres de los hijos que estaban en el Sahara, pensé en nuestros hijos y por las caras que veo, quizá sin saberlo, en alguno de vosotros, que entonces estabais seguramente en edad militar (...) y conté alguna de las cosas que yo sabía de la historia cordobesa, e incluso algunas de mi mismo pueblo, donde tuvimos, como casi toda España, la ocupación árabe. Seguía contando estas historias, me miró su Majestad sonriendo, y yo pensé que él pensó : Ya sabía yo que con este cordobés no podría. Las cosas cambiaron por completo. Le dije: "Majestad, durante trece siglos hemos combatido entre nosotros, hemos combatido en común, hemos escrito historia, hemos mezclado la sangre (...) Mi propósito, la misión que traigo aquí es la de que olvidemos la historia de estos tres, cinco, diez años y trece siglos y que vayamos pensando en un entendimiento cara al mañana y en una posibilidad de que nuestros hombres no tengan que enfrentarse". Empezamos a hablar, a ver cómo se podía hacer y después de hora y media o cerca de dos horas de conversación. Él me dijo: "Solís, yo le garantizo que dentro de cuarenta y ocho horas un emisario mío, con funciones y con atribuciones - porque no me puede exigir que yo improvise la solución de todos los problemas que tenemos -, llegará con consignas concretas para poder iniciar unas negociaciones".

(Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados, nº 33. Comisión de Asuntos Exteriores. Sesión nº 8, 16 de marzo de 1978.)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo que el exministro no dijo en su intervención es que se pensó en él para la entrevista porque era él quien llevaba algunos de los negocios de Hassan en España, y más concretamente en la Costa del Sol y se conocían muy bien de ciertas cacerías juntos. Eso une mucho, quiero decir, el dinero y los cuernos de los trofeos.

DORAMAS dijo...

Anonimo, es que entonces se le habría visto el plumero.