miércoles, 10 de octubre de 2007

El "Plan Marrakesch"

"...Desde los Acuerdos tripartitos de Madrid, la participación indirecta de Francia en el problema saharaui parece clara: el gobierno de París dio su visto bueno a su aliado, Marruecos, para desencadenar la "Marcha Verde", punto de partida del paso expansionista marroquí concretado en los acuerdos.
Hassan y Giscard d´Estaing elaboraron entonces un plan, posteriormente denunciado en la prensa francesa, bautizado "Plan Marrakesch", que se proponía alejar a España de la región y lograr la implantación de Francia - a través de Marruecos y Mauritania - en esa área. Con ello, París podría completar su hegemonía, o en todo caso consolidar su "zona de influencia" en una buena parte de África, constituida por aquellas ex colonias que recibieron graciosamente la independencia. El proyecto, además, preveía una compensación a Rabat, mediante la provisión masiva de armamentos provenientes de la casa Dassault y del propio ejército francés.
Marruecos, por otra parte, constituía y constituye una importante baza de los capitales franceses, que controlan los puntos clave de la economía marroquí. Otro tanto ocurre en Mauritania, donde las minas de hierro de Zuerat - que proveen al presupuesto nacional con el 92 por ciento de los recursos totales -, se encuentran bajo control francés.
Mediante el alejamiento de España y la ocupación del Sahara por sus aliados y socios, el gobierno francés creyó haber concretado su ambicioso plan. Pero la inesperada resistencia de la guerrilla saharaui trastocó los proyectos. Marruecos y Mauritania se demostraron militarmente incapaces de vencer en los campos de batalla del desierto a los combatientes nacionalistas apoyados por Argelia, que les han propinado una larga serie de derrotas durante los dos últimos años. Lo que se creía iba a ser una guerra relámpago contra los "terroristas" que duraría dos semanas hasta exterminar la resistencia, terminó siendo una guerra de desgaste insoportable para los expansionistas.
El actual conflicto parece entroncar con este plan colonial francés. Resulta poco verosímil la excusa de los dos técnicos franceses apresados por el Polisario para explicar la escalada. Por lo general, los Estados no juegan a la guerra sólo por la vida o la libertad de dos, ocho o trece connacionales. Muchos observadores creen, en cambio, que, esta vez, ha sido Marruecos quien ha tratado de empujar a París a un juego de presiones y amenazas que hubiera podido justificar la intervención francesa para, por fin, barrer la resistencia nacionalista en el Sahara y completar el dominio de sus dos socios.
Sin embargo, una maniobra así parece haber fracasado ya. Francia dio marcha atrás por razones obvias: Giscard no puede lanzarse a una intervención si no es con absoluta garantía de éxito. Las guerras, en 1977, no duran mucho tiempo, porque inmediatamente las grandes potencias intervienen, mucho más cuando se libra en una zona de alto valor estratégico como la esquina noroeste de África. Además, frente a las próximas elecciones legislativas francesas, el ocupante del Elíseo no puede apuntarse un fracaso internacional. De momento, París parece preferir jugar la partida de los mercenarios, las fuerzas indirectas, para evitar el deterioro de sus intereses económicos en Mauritania.
Sin embargo, aparentemente, la situación para Marruecos es grave y urgente. Con un presupuesto de guerra de 166.000 millones de pesetas, seis millones de parados, 16 millones de subalimentados, y una voluminosa deuda exterior, debe encontrar una salida a la permanente sangría que le significa el Sahara, territorio que no ha logrado conquistar ni controlar.

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